Psicopatía vs. Sociopatía
Hare y Babiek (2006) reconocen una diferencia clara entre psicopatía y sociopatía. La Psicopatía supone que el individuo no tiene ni empatía ni sentido de la moral. Sociopatía es un indicativo de que el sujeto sí tiene sentido de la moral y una conciencia bien desarrollada, aunque su sentido del bien y del mal no es el mismo que el propio de la cultura de los padres.
Según esta postura, el psicópata carece de empatía desde su nacimiento teniendo la imposibilidad de acceder al dolor o la felicidad ajena, mientras que el sociópata sí puede ser empático, aunque reduzca esta habilidad para muy pocas personas de su entorno. Otra característica del psicópata es que puede buscar integrarse y camuflarse socialmente.
La sociopatía adquirida es muy diferente de la psicopatía, pues según Hare y Babiek, el sujeto presenta conductas antisociales provocadas por lesiones procedentes de traumas, cirugía o demencia. Esto disminuye la utilidad de usar la sociopatía en criminología, sobre todo porque, por ejemplo, muchos de los sujetos con demencia no desarrollan una conducta sociopática.
Existen correlatos neurológicos de cómo las creencias podrían promover determinados tipos de morales, actitudes y conductas. Estas correlaciones proporcionan una base para el estudio de cómo las creencias crean nuestra identidad moral al afectar a nuestra empatía. Sin embargo, un gran componente de la sociopatía implica un comportamiento antisocial. La sociopatía es muy poco frecuente en los jóvenes delincuentes, a diferencia de la psicopatía, que puede ser diagnosticada en forma de trastorno de la personalidad antisocial extrema a los 18 años.
El descubrimiento de cómo las creencias afectan al cerebro y a nuestro juicio moral es fundamental. Sin embargo, cómo las ideas pueden causar cambios fisiológicos en el cerebro no es tan obvio como la búsqueda de daños o anormalidades. Si somos capaces de ampliar los estudios que ya existen, podremos ver cómo las creencias de una subcultura proporcionan una moral y una visión del mundo que podrían permitir a la persona disfrutar de actos atroces como, por ejemplo, el asesinato en masa.
Este nuevo enfoque para la comprensión de la sociopatía nos permitiría entender a individuos como Anders Breivik, el asesino noruego que el 22 de julio de 2011 asesinó a 77 personas; 8 con un coche bomba en Oslo y 69, disparando en un campamento de verano en la isla de Utoya. Breivik había escrito previamente un manifiesto en el que reflejaba su propia versión del socialismo nacional. Veía su misión en el mundo como una cruzada y su papel, como un mártir de su causa, así que para él todos sus actos eran necesarios. Breivik tenía un sentido del bien y del mal que claramente difería de la moral de la cultura de sus padres y mató sin piedad. La clave para entender la sociopatía tiene que radicar en el poder que las ideas ejercen sobre el cerebro.
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